Por qué no basta con llevar a tu hijo a terapia: el papel de los padres en el cambio.

Muchas familias llegan a consulta con la esperanza de que el psicólogo “solucione” lo que le pasa a su hijo. Es una idea comprensible: el niño/a es quien muestra los síntomas, quien se angustia, quien desafía las normas o quien no logra concentrarse en el colegio. Pero la realidad es que ningún niño cambia en solitario.
La psicología actual nos recuerda algo esencial: el contexto importa. El bienestar no se construye solo en la consulta, sino también en la manera en la que la familia responde, apoya y acompaña a ese niño en su día a día.
El mito de que el psicólogo soluciona el problema sólo con el niño/a
Imagina que un niño acude cada semana a terapia durante 50 minutos. Si contamos el resto del tiempo, son más de 160 horas semanales en las que está en casa, en el colegio, con amigos, con su familia. Ahí es donde realmente se pone a prueba lo trabajado.
La terapia infantil no consiste únicamente en “dar técnicas”, sino en ayudar al sistema familiar a moverse hacia formas más saludables de relacionarse. Desde la perspectiva de la terapia breve y sistémica, el problema nunca es únicamente “el niño/la niña”. Es la manera en la que la familia y el entorno responden lo que mantiene o agrava la dificultad.
El poder del entorno en el bienestar infantil
Los niños y niñas necesitan adultos que funcionen como reguladores emocionales externos. Cuando un padre/madre baja la voz, sostiene la calma o pone un límite claro, el sistema nervioso del niño/a lo percibe como seguridad. Cuando, en cambio, el padre/madre responde con gritos, tensión o mensajes contradictorios, el niño/a se desorganiza todavía más.
Esto significa que los cuidadores principales tienen un papel clave en la solución. Pequeños ajustes en cómo se ponen los límites, cómo se comunican las normas o cómo se validan las emociones pueden marcar una enorme diferencia.
El papel activo de la familia en la terapia
Las investigaciones muestran que la terapia es más eficaz cuando los padres se implican. Algunas formas de participar son:
- Reforzar los pequeños logros del niño/a en casa, en lugar de centrarse solo en los errores.
- Cambiar la manera de responder a las conductas desafiantes, manteniendo la calma y la firmeza al mismo tiempo.
- Coherencia en las normas: que los cuidadores principales se pongan de acuerdo en cómo actuar.
- Dar ejemplo: los hijos/as aprenden más de lo que ven que de lo que se les dice.
¿Qué puedes empezar a hacer desde hoy?
- Observa tu propia reacción: ¿Qué pasa en tu hijo/a cuando tú bajas el tono de voz o le das un tiempo para calmarse?
- Céntrate en lo que sí funciona: toma nota de los momentos en los que muestra cooperación o calma, aunque sean breves.
- Haz pequeños cambios, no grandes discursos: un pequeño giro en el comportamiento de los cuidadores principales puede generar un gran movimiento en el niño/a.
En Nadie es Perfecto acompañamos a familias que desean un cambio real, más allá de la consulta. Porque la terapia infantil no es solo un espacio para el niño: es una oportunidad para que toda la familia crezca en bienestar.

Si sientes que tu hijo/a necesita ayuda, recuerda: el proceso empieza también contigo.
